Las noches siguientes se convirtieron en una pesadilla. Las vacas seguían muriendo de formas cada vez más crueles y extrañas, y los vaqueros estaban cada vez más desesperados por encontrar una solución. No sabían qué era lo que les estaba atacando, pero sabían que debían hacer algo antes de que fuera demasiado tarde.

Mientras los vaqueros estaban acampados, un sonido agudo y penetrante rompió el silencio de la noche. Los hombres se pusieron en alerta, agarrando sus armas y mirando hacia el horizonte. Pronto, los aullidos se convirtieron en gritos guturales y la vista de algo a lo lejos. Una manada de criaturas salvajes apareció en la distancia, moviéndose con una velocidad y gracia que no parecía humana.

Los vaqueros estaban aterrorizados ante lo que veían. Las criaturas parecían hombres, pero eran más altas y corpulentas que cualquier hombre que hubieran visto antes. Tenían el cabello enredado y la piel oscura como la noche. Sus ojos brillaban con un fuego salvaje y sus fauces estaban abiertas, enseñando unos dientes afilados y peligrosos.

Los vaqueros intentaron prepararse para el ataque, pero las criaturas se movieron con una rapidez y ferocidad que los dejó en shock. Los hombres dispararon sus armas, pero los proyectiles parecían rebotar en las criaturas sin hacerles daño. En cambio, las criaturas se abalanzaron sobre los vaqueros con una saña salvaje, luchando con una ferocidad y fuerza inhumana.

Los hombres lucharon valientemente, tratando de defenderse con sus cuchillos y pistolas. Pero las criaturas eran demasiado fuertes y rápidas, superando a los hombres en habilidad y ferocidad. La escena se convirtió en un caos sangriento, con los vaqueros luchando por sus vidas contra una manada de bestias inhumanas.

Finalmente, los vaqueros lograron hacer retroceder a las criaturas y escapar. Sin embargo, muchos de ellos habían sido gravemente heridos o muertos en la lucha. Ahora sabían que estaban enfrentándose a algo mucho más peligroso de lo que habían imaginado, algo que estaba decidido a acabar con ellos sin piedad.

Después de la terrible noche del ataque de la manada salvaje, los vaqueros estaban en un estado de constante temor e inquietud. Las noches siguientes se convirtieron en una pesadilla para ellos, ya que las vacas seguían muriendo de formas cada vez más crueles y extrañas. Los vaqueros estaban cada vez más desesperados por encontrar una solución a este problema, pero no tenían ni idea de qué era lo que les estaba atacando.

A medida que avanzaban en su camino, los vaqueros seguían encontrando señales de la presencia de la manada salvaje, como huellas y restos de animales destrozados. Sabían que debían estar alerta en todo momento y tomar medidas para proteger a su ganado y a ellos mismos.

Los vaqueros intentaron varias tácticas para ahuyentar a las criaturas, como rodear el campamento con antorchas encendidas y disparar al aire para asustarlas. Pero nada parecía detenerlas. Las criaturas seguían acechando en las sombras, atacando cuando menos se lo esperaban.

La tensión entre los vaqueros aumentó a medida que las noches pasaban y los ataques continuaban. Había discusiones y desacuerdos sobre cómo lidiar con la situación, y algunos de los hombres empezaron a perder la cabeza. El miedo y la desesperación se apoderaron de ellos, y cada noche se convirtió en una prueba de supervivencia.

Finalmente, los vaqueros se dieron cuenta de que debían enfrentarse directamente a la manada salvaje. Se armaron con sus mejores armas y se adentraron en el valle escarpado, buscando a las criaturas que habían estado acechando en las sombras.

Los vaqueros avanzaron por el valle, armados hasta los dientes y con los sentidos alerta, preparados para cualquier cosa. Pronto encontraron rastros de la manada salvaje: huellas profundas en la tierra y ramas rotas a su paso. Los hombres avanzaron con precaución, sabiendo que podrían ser atacados en cualquier momento. Finalmente, los avistaron en la distancia: un grupo de criaturas salvajes, rugiendo y aullando con ferocidad. Los vaqueros no dudaron y se lanzaron al ataque, disparando y luchando cuerpo a cuerpo con las criaturas.

La batalla fue intensa y sangrienta, las criaturas eran fuertes y feroces, pero los vaqueros eran expertos en combate y estaban dispuestos a luchar hasta la muerte. Las armas resonaron en el valle, los gritos y los aullidos llenaron el aire. Los hombres recibieron heridas graves, pero no se rindieron y siguieron luchando con todo su vigor. Finalmente, después de una larga y brutal pelea, la manada salvaje fue derrotada. Los vaqueros se miraron unos a otros, heridos y exhaustos, pero aliviados de haber sobrevivido.

Los tres hermanos, armados hasta los dientes, avanzaron con cautela por el valle escarpado, sin saber a ciencia cierta cuántas criaturas los estaban esperando. La oscuridad y el silencio les rodeaban, aumentando la tensión en el ambiente. De repente, oyeron unos aullidos a lo lejos, que se acercaban cada vez más. [Continuará…]

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *