Las criaturas salvajes aparecieron de la nada, con sus cabellos enredados y piel oscura como la noche. Eran más altos y fornidos que cualquier hombre que los hermanos hubieran visto antes, y llevaban pinturas de guerra en sus rostros. Las criaturas atacaron sin piedad, usando sus garras y colmillos para destrozar a los vaqueros.

Los hermanos lucharon valientemente, disparando sus armas y esquivando los golpes de las criaturas. Sin embargo, el número de enemigos era demasiado grande y, uno a uno, los vaqueros cayeron heridos en el suelo. La batalla era feroz y sangrienta, con cuerpos mutilados y manchados de sangre.

A medida que la noche avanzaba, los hermanos comenzaron a sentir que todo estaba perdido. Pero en ese momento, uno de ellos recordó una historia que había escuchado de un anciano en un pueblo cercano. La historia hablaba de un señor oscuro que hacía tratos con aquellos que deseaban venganza.

Los hermanos se arrodillaron ante el Señor Oscuro, el cual emanaba una presencia oscura y poderosa. El trato fue hecho, y una oscura aura envolvió a los vaqueros mientras sus armas comenzaban a brillar con una luz blanca y cegadora. Ellos sabían que habían obtenido un poder sobrenatural, y se pusieron en pie llenos de determinación, con una mirada fría y desafiante en sus ojos.

Se lanzaron al ataque contra la manada salvaje, y sus movimientos eran fluidos y letales. Con cada golpe que asestaban, las criaturas se desvanecían en el aire con un alarido ensordecedor. Los hermanos eran prácticamente invencibles, sus armas eran ahora extensiones de sus brazos y sus cuerpos estaban imbuidos de una fuerza sobrenatural.

La batalla se prolongó durante horas, y los hermanos tuvieron que luchar contra hordas de criaturas salvajes que parecían no agotarse. Pero finalmente, tras una última arremetida, los hermanos lograron acabar con la última de las criaturas. La luz brillante que había envuelto sus armas y cuerpos se desvaneció, y los hermanos se miraron el uno al otro, exhaustos y heridos, pero satisfechos de haber cumplido su misión.

Los hermanos, envueltos en esa aura oscura de poder, habían alcanzado un nuevo nivel de fuerza y habilidad. Su piel se había vuelto áspera y oscura como la de las criaturas que habían luchado antes, y sus ojos ardían con una luz roja intensa. Sus músculos parecían hinchados, y las venas sobresalían de sus brazos. Las armas que sostenían estaban imbuidas de un poder sobrenatural, brillando con una luz roja y negra intermitente.

Los hermanos se dieron cuenta de que habían hecho un trato con el diablo, y que se habían convertido en lo que habían luchado. Pero ya era tarde, ya que su hambre de poder y venganza había tomado el control. Gritando con una mezcla de rabia y locura, cargaron hacia el pueblo más cercano, aterrorizando a todos los que se cruzaban en su camino. Habían llegado para establecer su reinado de terror como la nueva manada salvaje del oeste.

Los hermanos, convertidos ahora en la nueva manada salvaje, arrasaron el valle escarpado durante años. Ya no eran humanos, sino criaturas oscuras y feroces, sedientas de sangre y venganza. Habían perdido todo contacto con su humanidad y se habían sumergido en un abismo sin fin.

Pero a pesar de su poder y ferocidad, los hermanos nunca volvieron a ser felices. Habían perdido todo lo que alguna vez habían valorado en la vida: su familia, sus amigos, su humanidad. Ahora eran monstruos, y nadie podía ayudarlos.

Los hermanos se habían transformado en seres sin alma, movidos por una fuerza oscura que los había corrompido. No había ya vuelta atrás. Se habían convertido en monstruos, que atacaban a cualquier ser vivo que encontraran en su camino. Cada muerte que causaban era un sacrificio en honor al dios de la sangre que les había transformado.

A medida que pasaban los años, el recuerdo de su antigua vida se desvanecía, y la familia de los hermanos los daba por muertos. No volverían a ser iguales, ni volverían a ver a sus seres queridos. Los hermanos se habían perdido para siempre en la oscuridad de su propia maldición. Y así, sin encontrar redención ni paz, continuaron vagando por el valle escarpado, como una sombra de lo que alguna vez fueron.

Con el tiempo, los hermanos se volvieron más solitarios y aislados. Ya no querían hacer daño a nadie más, pero tampoco podían volver a su vida anterior. Se convirtieron en fantasmas de su propio pasado, vagando por el viejo oeste sin rumbo ni propósito.

Finalmente, los hermanos desaparecieron en las sombras del valle escarpado, llevándose consigo el recuerdo de su antigua vida y dejando tras de sí solo destrucción y desesperanza. Su legado se convirtió en una leyenda, un cuento oscuro y aterrador que los viajeros contaban alrededor de las fogatas, sin saber que la historia era más real de lo que imaginaban.

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