Era una tarde de verano abrasadora en el viejo oeste, y el sol ardía en el cielo sin un solo nube que lo atenuara. Los vaqueros avanzaban lentamente a través del valle escarpado, el polvo levantándose en nubes detrás de ellos. Cada hombre estaba cubierto de sudor con sus ropas pegajosas contra sus cuerpos. El aire estaba quieto y sofocante, y no había sombra alguna donde refugiarse del sol.

A medida que avanzaban, el terreno se hacía cada vez más accidentado y peligroso, y la sensación de inquietud se apoderaba de ellos. El viento soplaba con fuerza, silbando al pasar por los cañones, y el sonido parecía cada vez más inquietante, como si fuera una advertencia del peligro que se avecinaba.

Los vaqueros estaban en alerta, mirando a su alrededor con desconfianza, pero no lograban ver nada fuera de lo normal. Sin embargo, la inquietud no los abandonaba, y continuaron avanzando con precaución, conscientes de que se adentraban cada vez más en territorio desconocido y peligroso.

Cuando llegó la noche, los vaqueros acamparon en el valle escarpado. Encendieron una fogata y comenzaron a preparar la cena, tratando de mantenerse ocupados para evitar pensar en la extraña sensación de inquietud que los había acompañado todo el día.

De repente, un grito desgarrador rompió el silencio de la noche. Los vaqueros salieron corriendo de la fogata, pistolas en mano, buscando la fuente del ruido. Fue entonces cuando descubrieron que una de las vacas había sido atacada de forma brutal.

La pobre criatura estaba tendida en el suelo, con la garganta desgarrada y las entrañas expuestas. Los hombres se quedaron sin palabras, horrorizados por la escena. La muerte de la vaca no parecía obra de un animal normal, sino de algo mucho más oscuro y peligroso.

La siguiente noche, otro grito desgarrador alertó a los vaqueros. Corrieron hacia el sonido y descubrieron otra vaca muerta de la misma manera brutal. Ahora los hombres estaban completamente aterrorizados. Sabían que algo siniestro estaba acechando en las sombras y comenzaron a temer por sus vidas.

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