Las imágenes de las criaturas cósmicas, que antes parecían fascinantes y misteriosas, ahora evocaban una sensación de inquietud y temor. Las criaturas se revelaban como seres de una vastedad y antigüedad incomprensibles para la mente humana, y su presencia desencadenaba una angustia profunda en las astronautas.

Las visiones que experimentaban, una vez hermosas y enigmáticas, se transformaron en horribles pesadillas que se repetían una y otra vez en sus mentes. Las imágenes de monstruos cósmicos acechando en las profundidades del espacio y los destellos de un universo oscuro y desconocido las llenaban de un temor paralizante.

La línea entre la realidad y la ilusión se desdibujaba gradualmente, y Sarah y Yumi luchaban por mantener la cordura en medio de la angustia creciente. Los patrones de las señales y las imágenes parecían penetrar en lo más profundo de sus psiques, provocando una agonía psicológica indescriptible.

El terror cósmico las consumía, alimentando sus miedos más profundos y sus dudas sobre su propia existencia. La incomprensibilidad y vastedad del mensaje alienígena les recordaba la insignificancia de la humanidad en el contexto del vasto universo.

Las visiones perturbadoras y la carga psicológica resultante amenazaban con fracturar su cordura y debilitar su voluntad de seguir adelante. Se preguntaban si deberían abandonar su búsqueda y huir de la estación espacial Horizonte para salvar sus vidas y preservar su cordura.

El terror seguía envolviendo a Sarah y Yumi, erosionando su cordura y debilitando su voluntad de continuar. Las visiones perturbadoras y la incomprensibilidad del mensaje alienígena los empujaban al límite de su resistencia psicológica.

En medio de esta angustia, una sensación inquietante comenzó a surgir en la estación espacial Horizonte. Un sentimiento de que no estaban solas, de que había alguien más allí con ellas. Una presencia siniestra que parecía acechar en las sombras, alimentando aún más el miedo y la paranoia.

Sus mentes desgastadas por el terror cósmico y la falta de sueño, Sarah y Yumi comenzaron a experimentar alucinaciones y delirios. Empezaron a ver sombras moviéndose por los pasillos y escuchaban susurros inquietantes que parecían surgir de la nada. La línea entre la realidad y la fantasía se desdibujaba cada vez más, y su percepción de la estación espacial se volvía distorsionada.

En su estado de paranoia, las astronautas comenzaron a cerrar módulos y a huir irracionalmente de las salas, creyendo que estaban siendo perseguidas por fuerzas desconocidas y malévolas. La lógica y el razonamiento quedaron eclipsados por el miedo abrumador y la desesperación que las consumía.

La estación espacial Horizonte, una vez un lugar de trabajo y exploración, se convirtió en un laberinto claustrofóbico y aterrador. Sarah y Yumi corrían por los pasillos, evitando las sombras y buscando refugio en cualquier rincón que pareciera seguro. Su cordura se desmoronaba rápidamente, y se preguntaban si alguna vez volverían a ser las mismas personas después de esta experiencia infernal.

En su delirio, las astronautas se enfrentaban a una realidad distorsionada y fragmentada. No podían confiar en lo que veían ni en lo que sentían. El miedo se apoderaba de ellas, a cada minuto que pasaban en la estación.

El dolor se convirtió en una constante en sus vidas. Sus mentes eran atormentadas por imágenes horripilantes y pesadillas que se entrelazaban con la realidad. No había respiro ni tregua del tormento que las perseguía, y cada instante parecía un desafío insuperable.

La desesperación total se apoderaba de ellas. La sensación de impotencia y la certeza de que estaban atrapadas en una pesadilla interminable las consumía. La realidad se desmoronaba a su alrededor, dejándolas a merced de un mal desconocido y omnipresente.

En su búsqueda frenética por escapar, cometieron actos cada vez más irracionales y peligrosos. Corrían hacia salidas bloqueadas, golpeaban puertas selladas y se arrojaban a espacios estrechos con la esperanza desesperada de encontrar una salida. Sus cuerpos estaban marcados por contusiones y heridas, pero el dolor físico era insignificante en comparación con la tortura psicológica que las consumía.

La sensación de estar atrapadas en un ciclo de sufrimiento y desesperanza se volvía abrumadora. Cada intento por escapar parecía conducirlas a un callejón sin salida, reforzando la sensación de que estaban condenadas a padecer eternamente en este abismo de terror cósmico.

El tiempo perdía su significado y la noción de realidad se volvía borrosa. Sarah y Yumi luchaban por aferrarse a la cordura que quedaba en sus almas desgarradas, pero incluso eso parecía escapárseles entre los dedos. La desesperación las envolvía, amenazando con aplastar cualquier esperanza que quedara.

«La estación se encuentra en perfectas condiciones. No hemos localizado a las astronautas Sarah y Yumi. No hay signos de  vida en ningún módulo de la estación. Las capsulas de salvamento se encuentran en sus dársenas así como totalmente operativas. No hay signos ni datos de embarque en la estación antes de nosotros. No tenemos ningún dato ni conocimiento sobre lo ocurrido así como de la localización de las astronautas».

«La estación Horizonte está totalmente operativa. Aquí no ha ocurrido nada».

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