Desde fuera se notaba un hedor a estiércol de alguna clase de animal. Supuse por aquel entonces que sería estiércol de vacuno utilizado para los cultivos plantados en las mediaciones o de los animales que la señora podría tener guardados en la granja. Sin embargo, allí se cocía algo peor, algo que en su momento no sabría cómo describir. El olor a descomposición parecía provenir del interior, si es que mis capacidades olfativas seguían funcionando de la forma que deberían, aseguraría que el hedor nauseabundo procedía de dentro, lejos de mis primeras hipótesis.

Llamé a la puerta, pero no obtuve respuesta. Después de unos segundos decidí probar girando el pomo y mira por donde la puerta se abrió. ¿Qué cosas? Que llamamiento más alegre a la aventura me estaba diciendo esa puerta chirriante al estar abierta, ¿no creéis?

Me fui adentrando en el interior de la vivienda. Cautelosamente, preguntando por la inquilina, pero allí nadie respondió. Una exuberante formación de sombras felinas huyó despavorida de lo que podría ser el salón de la casa. Seguí intentando contactar con la señora de la casa, pero allí no se escuchaba un alma. No le di mayor importancia ya que podría estar ya algo sorda. La edad que no perdona, pensé.

Según iba avanzando me topaba con una innumerable sucesión de libros tirados por el suelo, ropajes llenos de suciedad y algunos restos de comida. Los restos de comida estaban roídos por los pequeños mamíferos que compartían muy seguramente vivienda con la anfitriona y no hablamos de gatos precisamente.

A medida que avanzaba por la choza, el hedor a descomposición se hacía más intenso y difícil de soportar. Me cubrí la nariz con la manga de la camisa, aun así, no conseguía deshacerme del nauseabundo olor. Continué buscando las muestras que me había pedido el doctor Denver, ah ¿qué no os acordabais? Si, si, tenía que buscar unas muestras. ¿Cómo que buscar unas muestras? ¿Qué diablos es eso? Yo pensaba que tenía que sacarle sangre a la anciana o recoger orina, pero no parecía haber nada en aquel lugar que pudiera servirme. De repente, algo me llamó la atención: una puerta cerrada con llave en una de las esquinas de la habitación.

Me acerqué con cautela y miré a través de la cerradura, pero no pude ver nada. Intenté abrir la puerta, pero estaba fuertemente cerrada. Frustrado y algo nervioso, empecé a buscar la llave por toda la habitación, pero no había rastro de ella. Finalmente, encontré un martillo y una palanca en un rincón oscuro y polvoriento.

¿Quién me mandaría abrir aquella puerta?, ¿Por qué seguía intentado conseguir algo que claramente no iba a encontrar? – me pregunté.

Usando las herramientas, logré abrir la puerta con gran dificultad. Al principio, no pude ver nada en la oscuridad, pero poco a poco, fui discerniendo una forma humanoide en el fondo de la habitación. Me acerqué tembloroso y encendí la luz. Lo que vi me heló la sangre.

Allí, en el suelo, yacía el cuerpo en descomposición de la señora Williams, con los ojos abiertos y la boca entreabierta, como si hubiera muerto en un grito. Su piel estaba pálida y cubierta de manchas negras, y de sus ojos parecía emanar un aura de locura y terror. No pude aguantar más y vomité en el suelo.

Mi mente se llenó de preguntas: ¿cómo había muerto?, ¿por qué no había nadie en la casa? Comencé a revisar la habitación en busca de pistas.

En la mesilla de noche encontré un diario, y mientras lo hojeaba fuera de la habitación, encontré algo que me hizo estremecer: la señora Williams había estado experimentando con animales, inyectándoles sustancias extrañas y observando sus reacciones. ¿dónde me había metido? La señora Williams, la típica viejecita de aspecto frágil y desgastado por el tiempo, de rostro arrugado con el cabello canoso que le caía sobre los hombros encorvados. Ojos oscuros y penetrantes. ¡Normal! Toda una psicópata en potencia.

De repente, escuché un ruido detrás de mí y me di la vuelta rápidamente, pero no había nadie allí. Sentí que algo me tocaba el hombro y volví a girar, pero seguía sin haber nadie. Empecé a temblar violentamente y sentí, sin ninguna discusión, que no debía permanecer en aquel lugar. Corrí hacia la salida, empujando todo lo que encontraba a mi paso, y salí de la choza como alma que lleva el diablo. Caí al suelo, creo.

Me desperté en una habitación de hospital. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que perdí la conciencia en la choza de la señora Williams. Me sentía mareado y confundido, y no podía recordar nada después de haber encontrado los restos en la habitación secreta de la casa. Traté de levantarme, pero una enfermera me detuvo y me informó de que había estado inconsciente durante varios días.

Le pregunté sobre la choza y la señora Williams, pero la enfermera no sabía de qué estaba hablando. Me dijo que había sido encontrado en el bosque por unos excursionistas y que me habían llevado al hospital. Me dijeron que había sufrido un fuerte golpe en la cabeza y que tenía algunas heridas leves. La enfermera me recomendó que descansara y que me recuperara antes de hacer cualquier cosa.

¿Dónde está el doctor Denver? -. pregunté.

La enfermera se extrañó, tardó unos segundos en contestar. ¿Qué sabes del doctor Denver, hace años que murió? – contestó preocupada.

Al parecer el doctor Denver había muerto en el bosque donde me habían encontrado, asesinado. Le encontraron con los ojos abiertos de par en par y con la boca entreabierta, como si hubiera muerto en un grito. Su piel estaba pálida y cubierta de manchas negras y sus ojos parecía emanar un aura de locura y terror. ¿Os suena?

Esto no podía estar pasando, no tenía ni lógica ni sentido. Sin embargo, algo en mi interior me insistía que tenía que averiguar lo sucedido en la casa de la señora Williams. Esa morada oscura era la matriz de un mal que quería inundar todo a nuestro alrededor. No podía dejar de pensar en los restos humanos que había encontrado allí, y en el extraño olor a descomposición que había inundado la habitación secreta. Sabía que tenía que investigar lo que había sucedido allí, pero no podía hacerlo desde el hospital.

Finalmente, después de varios días, me dieron de alta y regresé a mi apartamento. Apenas llegué, empecé a buscar información sobre la señora Williams. Descubrí que Emily Williams había muerto hace años, y que su casa había sido abandonada desde entonces. No había registros de que alguien hubiera vivido allí desde su muerte.

Me sentí aún más confundido y asustado. ¿Cómo era posible que hubiera encontrado el cadáver en tan buen estado tras tantos años? ¿Había sido todo una ilusión o una pesadilla? No podía dejar de pensar en ello, y poco a poco me obsesioné con encontrar respuestas.

Investigué más a fondo la historia de la señora Williams, y descubrí que había rumores de que la señora Williams practicaba la brujería y realizaba extraños rituales en su casa. Cada vez se estaba poniendo más y más interesante. ¿Por qué seguía en esta lucha? También encontré informes de personas desaparecidas en los alrededores de la zona. Doctor Denver, que pudo averiguar y como contactaste conmigo.

Decidí volver al hogar malvado para investigar más a fondo, a pesar de los peligros que pudiera enfrentar. Sabía que algo siniestro estaba sucediendo allí, y no podía dejar de buscar respuestas. No podía.

Cuando llegué a la casa, encontré la puerta abierta, como si alguien hubiera entrado allí. Seguramente yo, claro. Me adentré con cautela y noté que había algo diferente en el aire. Otra vez dentro, no quería estar allí pero no podía evitarlo. Ya no había ese hedor a descomposición que me había impactado la primera vez, pero en cambio, había algo más inquietante. Un silencio sepulcral se había apoderado del lugar, un silencio que no se rompía ni por el suave canto de los pájaros que se encontraban en el exterior.

Me encontré con la misma desolación que había visto la primera vez, libros esparcidos por el suelo y ropajes llenos de suciedad. Pero algo había cambiado. En el suelo, pude ver un rastro de sangre seco que no existía la primera vez que la visité. Parecía conducir desde el salón a la estancia donde hallé a la anciana. Decidí seguirlo y entré en la habitación.

Allí encontré algo que me dejó sin aliento: una pared llena de fotografías, cada una con un rostro distinto. Era como si la señora Williams hubiera estado recopilando fotos de todas las personas que había conocido a lo largo de su vida. Pero había algo extraño en estas fotografías, algo que no me gustaba. Los ojos de las personas parecían seguirme a donde quiera que yo me moviera.

De repente, sentí que alguien o algo me estaba observando. Giré mi cabeza y vi una figura oscura y encorvada parada en la entrada de la casa. No podía distinguir ningún rasgo de su rostro, pero sentí que estaba ahí para hacerme daño.

Salí de la habitación en busca de una escapatoria, e inmediatamente, sin pensarlo, corrí escaleras arriba buscando apresuradamente alguna salida. Pero no la encontré. No escuchaba nada, pero sé que estaba ahí. Esa figura deforme me estaba vigilando.

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